Hoy se cumple un aniversario especial, ya que retomo un artículo que escribí hace una década con IMD Business School: Is VUCA the End of Strategy and Leadership?
En 2015, el mundo ya lidiaba con la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad (VUCA). Diez años después, en 2025, lo que entonces parecía abrumador se presenta ahora como la línea de base de una realidad que se ha vuelto aún más caótica.
Hemos pasado del VUCA como condición a lo que los expertos llaman hoy una "policrisis", en la que múltiples crisis interconectadas amplifican mutuamente sus impactos. Los líderes actuales afrontan disrupciones continuas y superpuestas: antes de poder resolver un desafío, ya emerge otro. El Accenture 2024 Pulse of Change Index muestra que el ritmo de cambio ha aumentado un 183% en los últimos cuatro años.
La pregunta que planteé entonces resulta hoy aún más apremiante:
¿Siguen importando los principios del liderazgo y de la estrategia en el caos? ¿O han sido reemplazados por la fuerza bruta y la intuición elemental?
Para responder, quizá debamos primero mirar 10 años atrás y reflexionar. Ya nos refiramos al plano geopolítico o al organizacional, ¿no son muchas de las debilidades actuales —o peor, de las dependencias y exposiciones— la consecuencia directa de los fracasos de liderazgo y de estrategia del pasado?
En 2015, sostuve que VUCA no era el fin de la estrategia ni del liderazgo, sino que exigía un enfoque más sofisticado, "atento al contexto", que abrazara los stakefactors, mantuviera la flexibilidad estratégica y fomentara la adaptabilidad. No cabe duda de que muchas empresas, e incluso naciones, perdieron ese tren y se encuentran hoy en situaciones muy críticas. Basta con observar las vulnerabilidades estratégicas actuales de Europa.
"El papel del liderazgo hoy es aportar claridad en tiempos inciertos".
(Una cita atribuida al CEO de Microsoft, Satya Nadella). La pregunta sigue en pie: ¿cómo podemos lograr claridad, y es esto suficiente?
Mi argumento original a favor del pensamiento estratégico como imperativo parece haberse vuelto aún más crucial, y quizá deberíamos añadirle el pensamiento crítico. ¿Quizá ese enfoque a largo plazo deba ahora equilibrarse con la atención a las consecuencias a corto plazo del caos inducido? ¡Zoom-in, zoom-out!
¿Cuál es el principal problema de la incertidumbre?
Provoca ansiedad y tensión, y reduce la seguridad psicológica. Si bien cierto nivel de estrés es necesario para mantener la alerta y el rendimiento, en exceso resulta perjudicial y puede conducir a la parálisis.
En el artículo de 2015, exploré cómo los líderes deberían interpretar los cambios de su entorno, tomar decisiones e inspirar la adaptabilidad en los demás. Estos principios siguen siendo críticos mientras navegamos el caos actual. Pero ¿siguen siendo suficientes?
Le invito a tomarse un momento para leer (o releer) aquel artículo y reflexionar sobre su vigencia en 2025.
¿Qué aspecto tienen el liderazgo y la estrategia en una era en la que VUCA y el caos ya no parecen una consecuencia, sino una táctica?
